Hace un par de años los científicos lo hicieron en ratones, pero ésta es la primera vez que se consigue con células humanas. Investigadores de Israel han obtenido células madre pluripotenciales de dos pacientes que sufren insuficiencia cardiaca, las han convertido en células musculares del corazón y han demostrado que se pueden injertar de nuevo con éxito.
La investigación aparece publicada en la revista de la Sociedad Europea de Cardiología. Lo primero que llama la atención es que la fuente para obtener células madre fue la piel de los enfermos. Utilizando las técnicas más avanzadas de reprogramación, esas células de la piel se transformaron en células madre capaces de regenerar cualquier tejido. Después, los científicos las convirtieron en células cardiacas en el laboratorio, y lograron pequeños trocitos, de unas mil células, que latían acompasadamente. Sorprendentemente, al trasplantar esos mini-injertos al corazón de ratas de laboratorio, los investigadores comprobaron que comenzaban a establecer conexiones con las células vecinas y a funcionar al unísono con el corazón normal.
El hecho de obtener células madre de pacientes entrados en años ya es novedoso. Que las células musculares se integren en el corazón de ratas es muy alentador. Hay que tener en cuenta que estas ratas tenían que recibir tratamiento para que su sistema inmune no rechace las células humanas. Esto, en teoría, no sería necesario en pacientes: una de las grandes ventajas de esta tecnología es que las células madre son idénticas a las del enfermo (de hecho, proceden de él mismo) y por eso no serán rechazadas. Todo esto hace pensar que en un plazo de varios años podrían comenzar ensayos clínicos para evaluar la seguridad y eficacia de esta estrategia en la curación de pacientes con insuficiencia cardiaca.

La imagen que acompaña a este post está dividida en dos mitades. A la izquierda se ven unos canales rojos, que representan los vasos sanguíneos del cerebro. En la mitad de la derecha, esos vasos están rodeados por unos puntos verdes que marcan la presencia de proteínas que los están atacando, destruyendo su pared y facilitando la salida de sustancias nocivas al cerebro. ¿La diferencia? La foto de la derecha corresponde al cerebro de un ratón que lleva una proteína que es un conocido factor de riego de enfermedad de Alzheimer en humanos.



